Por entonces, en esa hora y época del año, era Uruguay una alegre ciudad, cuyos habitantes, algo aliviados de la alta temperatura diurna, que en pleno verano sería abrumadora, llenaban las confiterías y bares, bebiendo tragos refrescantes y comentando todas las novedades nacionales y pueblerinas. El centro de toda esta actividad era la Plaza General Francisco Ramírez, la de las rosas más bellas y cuidadas que jamás haya visto, que luce la histórica columna ante la cual, Urquiza dio su trascendente proclama.
En su entorno pude admirar los edificios más emblemáticos de la ciudad., como la hermosa Basílica de la Inmaculada Concepcion, en la que en los días de la Santa Patrona, el 8 de diciembre, nos uníamos a una multitud fervorosa que acompañaba la procesión y la misa, y su vecino, el mítico Colegio del Uruguay, en"la Urquiza y la Galarza" cuya puerta de hierro traspuse un día con profunda emoción.
Dos confiterías se disputaban clientela en este ámbito, la RyS y Mon Chérie, elegidas según edades y aficiones.
Recuerdo que me llamó la atención por entonces los numerosos grupos de jovencitos bulliciosos, que anticipando quizás los goces de las vacaciones, daban la "vuelta al perro" por la plaza, cruzándose con el objeto de su interés o antipatía, originándose los más sabrosos comentarios, propios del ingenio entrerriano.
Texto Transcripto desde la edición digital de "Diario La Calle" de Concepcion del Uruguay |